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¿Tiene usted un amigo migajero?


Damas y caballeros…
hoy hablaremos de un fenómeno que afecta a jóvenes, adultos y hasta amistades de oficina. Un mal moderno disfrazado de cariño, paciencia o comprensión… pero que, en el fondo, no es más que una epidemia silenciosa de dependencia emocional.

Sí, querido público: hablamos de la amistad migajera.

Los primeros síntomas

¿Alguna vez usted se ha preguntado si su amistad es migajera? Observe con atención:

  • ¿Su amiga no para de textear a alguien que claramente no le responde?
  • ¿Su amigo se la pasa revisando si “ella” ya vio su historia?
  • ¿Suele escuchar frases como es que está ocupado o yo sé que me quiere, solo no lo demuestra mucho?

Si respondió “sí” a una o más de estas preguntas… ¡felicidades! Usted podría estar presenciando un caso grave de migajismo afectivo.

El ciclo eterno del migajero

Todo comienza con una ilusión. Un mensaje, un gesto mínimo, una atención que se siente especial. Luego viene la espera, la ansiedad y la excusa. Y, cuando la otra persona vuelve con una palabra amable o un emoji fuera de contexto… el ciclo vuelve a empezar.


El migajero vive de eso: de pequeñas dosis de afecto que apenas alcanzan para sobrevivir. Y aunque usted lo aconseje, lo escuche, lo abrace y lo anime a soltar, el migajero tiene una resistencia admirable… a la lógica.

Amigos consejeros en peligro

Usted, que observa todo desde afuera, ya perdió la cuenta de las veces que repitió la frase: si de verdad le importaras, estaría aquí. Pero el migajero no escucha. No porque no entienda, sino porque aún cree que el amor se demuestra con sacrificio.

Y mientras tanto, usted se convierte en terapeuta sin sueldo, viendo cómo su amigo o amiga repite los mismos errores con diferentes nombres.

Uno no puede rescatar a quien todavía ama su jaula.

 


La cura: amor propio en dosis altas

Los expertos en sentido común recomiendan el siguiente tratamiento:

  1. Suspender toda exposición a migajas emocionales.
  2. Reforzar la autoestima con amistades que estén bien de su cabecita.
  3. Recordar, tres veces al día, que la dignidad no se negocia.

Y si usted, estimado lector, lleva tiempo esperando ese mensaje, esa llamada o esa señal de interés… le tenemos una noticia:

El silencio también es una respuesta. Y muchas veces, es la más sincera de todas

 

Mensaje de servicio social

Querido público: no se conforme con menos. El cariño que se mendiga se vuelve deuda, y el afecto que se ruega deja de ser afecto. Usted merece algo más que palabras vacías cada tres días.

Recuerde:

El amor propio no se mendiga, deja de andar de ridicula. — Campaña Nacional contra las Migajas Afectivas, Teen 2025

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