La madrugada del 18 de septiembre, los estudiantes de la UNAM despertaron con la noticia que puso en alerta a toda la comunidad: un mensaje anónimo advirtió sobre la colocación de artefactos explosivos en la Facultad de Economía.
Lo que parecía un rumor más de redes sociales se convirtió en un operativo real. De inmediato, las autoridades activaron el “Protocolo ante Artefactos Explosivos en Instalaciones Universitarias”, evacuando los edificios A y B y, por precaución, también instalaciones de la Facultad de Derecho.
Operativo de seguridad en Ciudad Universitaria
La Secretaría de Seguridad Ciudadana desplegó al Grupo de Fuerza de Tarea, mientras el Cuerpo de Bomberos de la UNAM y un equipo especial de la SSC revisaban cada rincón, incluso con perros entrenados para detectar explosivos.
La presencia de la Guardia Nacional en Ciudad Universitaria generó tensión extra: las imágenes de patrullas y policías armados rápidamente comenzaron a circular en redes sociales, aumentando la incertidumbre entre estudiantes y padres de familia.
Resultado oficial: no había explosivos
Tras horas de revisión, las autoridades descartaron la existencia de cualquier artefacto explosivo. Sin embargo, la preocupación no desapareció: este fue el segundo reporte de amenaza en menos de 24 horas, luego de que se registrara algo similar en la FES Zaragoza.
La Fiscalía de la CDMX y la Policía Cibernética ya investigan el origen de las amenazas, pero entre la comunidad universitaria el tema sigue encendiendo el debate:
- ¿Fue una broma de mal gusto?
- ¿Un acto de sabotaje planeado?
- ¿O un ensayo para algo más grande?
¿Que piensan los teens
La simple idea de una bomba en un espacio estudiantil genera pánico colectivo, incluso cuando el riesgo se descarta. La comunidad queda en un estado de alerta y la conversación se vuelve viral, alimentada por teorías, rumores y especulaciones en TikTok, WhatsApp y Twitter/X.
Lo que sigue para la UNAM
¿Estamos frente a una llamada de atención que busca generar caos o a un verdadero riesgo para la máxima casa de estudios?
Por ahora, las autoridades piden calma y cooperación, pero los estudiantes ya hablan de reforzar protocolos, revisar mochilas y hasta posponer clases en ciertos horarios.
Conclusión
Aunque no hubo explosivos, el miedo y la tensión demostraron lo vulnerable que puede ser la rutina universitaria frente a una simple amenaza anónima. La UNAM se mantiene en alerta, y el caso sigue abierto para dar con el responsable.



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