Hay algo que está pasando con nuestra generación, y no, no es que tengamos menos fiestas o que la música de antes fuera mejor (ni al caso). El problema es que cada vez más adolescentes viven con un síndrome de superioridad que básicamente consiste en creerse mejor que todo el mundo… pero al mismo tiempo sentirse inseguros y necesitados de aprobación constante.
En otras palabras: se miran al espejo creyéndose “élite”, pero por dentro sienten que no llegan al nivel que ellos mismos se inventaron.
La nueva moda: criticar como si pagaran por eso
Si antes la meta de la adolescencia era disfrutar, ahora parece que la meta es encontrar defectos ajenos. Si alguien se viste diferente, lo critican. Si alguien tiene menos dinero, lo critican. Si alguien es buena persona, lo critican el doble, como si la bondad fuera una amenaza para ellos.
Y aquí viene la parte incómoda: la mayoría de los que más critican suelen ser los más pobres en todos los sentidos. Pobres en dinero, pobres en mentalidad, pobres en autoestima. Porque, seamos honestos, cuando alguien se siente bien consigo mismo, no necesita humillar a los demás para sentirse importante.
El ego como maquillaje barato
El ego funciona como un maquillaje barato: cubre la inseguridad un rato, pero tarde o temprano se nota que no es real. La gente con más educación, estabilidad y visión de futuro, rara vez pierde el tiempo menospreciando a otros. En cambio, los que viven midiendo el valor de una persona por su ropa, su celular o cuántos likes tiene, son los que más vacíos van por dentro.
El dinero va y viene, pero tu forma de tratar a la gente te define para siempre. Y si hoy construyes tu reputación como “el/la mamón del grupo”, no esperes que el día de mañana la gente te vea con respeto genuino… porque lo que sembraste fue desprecio.
Nadie es mejor que nadie
Esto es algo que parece que muchos olvidaron: nadie es mejor que nadie. Todos tenemos defectos, inseguridades y problemas. Lo que cambia es la actitud con la que enfrentamos la vida. Y si tu actitud es andar mirando por encima del hombro, no estás avanzando, solo estás gastando energía en un teatro que no impresiona a nadie.
Vivan su vida, dejen vivir
La adolescencia es un momento único. Es ahora cuando puedes hacer amigos que te duren toda la vida, reírte de tonterías, aprender, equivocarte, descubrir lo que te gusta y lo que no. Pero si la desperdicias criticando a todos, no vas a tener recuerdos, solo enemistades.
Hoy estás aquí, mañana quién sabe. El tiempo no se detiene y cuando te des cuenta, ya será tarde para disfrutar lo que tenías enfrente. Así que deja de querer ser el juez del mundo y empieza a ser el protagonista de tu propia historia.
El consejo final (sin azúcar)
Si sientes que eres mejor que alguien por tener SEGUN TU “más dinero” (Ingenuo), más seguidores o más ropa de marca (Que esta echa para venderla a la gente de mente pequeña), recuerda que la vida da vueltas… y muy rápido. Las cosas materiales se pierden, el estatus se esfuma, pero la manera en la que trataste a los demás es lo que queda.
Menos ego, más vida. Menos críticas, más experiencias. Menos actitudes tóxicas, más momentos que valgan la pena. Porque, sinceramente, nadie recuerda con cariño al “mamón” del salón, pero todos recuerdan al que hizo que la adolescencia fuera más divertida.




3 Comentarios
Teen mi psicólogo
ResponderEliminar🗣🗣
ResponderEliminarTe amo teen
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