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El Motolinia, el Cecyte y el “Teen” de mentiritas


Teen Tabasco
lo confirma: ya no basta con aparentar. En la nueva era de la farándula estudiantil, lo auténtico vale más que cualquier selfie en un yate falso. Y esta historia lo prueba.

Para no quemarlos directamente —aún que a más de uno le quedará bien el saco— usaremos sus iniciales: V., D. y E.

Todo comenzó con V., una estudiante del Motolinia, conocida por su estética perfecta y su aura de niña inalcanzable. Bonita, de mirada filosa y siempre rodeada de gente, era el tipo de persona que destaca sin esfuerzo. En ese momento salía con D., otro alumno del Motolinia con fama de "niño bien", siempre arreglado, perfumado y subiendo fotos con carros, ropa cara y captions tipo “la cima no se comparte”.

Pero lo que D. nunca imaginó es que V. tenía historia con E., un chico del Cecyte. Alguien muy distinto. No tenía filtros caros ni cadenas brillosas, pero sí personalidad, presencia, y una seguridad que no se puede editar.

Ahí empezó el conflicto: D. no solo sabía que V. había salido con E., también lo odiaba por lo que representaba. E. no era "de su nivel" (según él), y se dedicó a burlarse sutilmente en reuniones, lanzar indirectas en stories y alimentar esa narrativa de “yo sí soy alguien, el otro no”.

Todo colapsó una noche en una fiesta en Villahermosa. Una de esas fiestas donde las escuelas se mezclan.

D. llegó como siempre: con su mejor pose, un coche prestado que manejaba como si fuera suyo, lentes oscuros en la noche y su séquito de seguidores. V. llegó un poco después. E. llegó al final… en moto, con amigos que no eran ricos.

Durante la fiesta, la tensión se podía cortar. D. no paraba de decir cosas como:

“A esta fiesta viene pura gente bien, no pen**jos.”

Y luego, mirando directo hacia donde estaba E.:

“Ve el muerto de hambre a donde se viene a arrimar...”

Ese fue el error.


E.
Al siguiente día dejó que una de sus compañeras expusiera e D. y dicho y echo la chica compartió con teen muchos datos y evidencias:

  • Las fotos de D. en vacaciones y todo, eso eran robadas de Pinterest.
  • Los tenis “Caros” eran en realidad lógicamente, “Clones” muy baratos y espantosos.
  • La ropa de marca que usaba era súper fake, y siempre la misma playera de “Armani Exchange” por favor sean más originales
  • El carro en el que llegó esa noche era de una amigo de él, ni siquiera de un familiar.
  • Y el famoso viaje a “Europa” había sido a Puebla, con una beca del Bienestar.

Todos vieron en silencio. No era una pelea. Era una caída libre.

D. Obvio se enojó. Nadie dijo nada. Incluso los amigos con los que se hablaba fingieron no estar para no responderle. V. se asustó bastante dicen, pues le creía todo. Se escribió con E.. Y le contó todo (sin saber que el mismo lo había echo).

D. desapareció de redes sociales una semana. Nadie volvió a subir una historia con él. Se decía que estaba "reflexionando". Otros dijeron que simplemente no tenía ya con qué fingir.

La frase que cerró todo, según uno de los chicos, fue lapidaria:

“Mientras más corriente… más ambiente.”

y vaya que si hubo ambiente… 


Esta no es solo una historia de celos. Es una lección. En tiempos donde todo parece postureo, donde la gente cree que tener una chamarra con logo es suficiente para tener estatus, este drama deja algo claro:

Clase no se finge.
Presencia no se compra.
Y la verdad, siempre gana.

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