Algo está cambiando. Las noches ya no son lo que eran. Lo que antes era una rutina entre amigos —ponerse de acuerdo, arreglarse, subir historias, pedir Uber y salir a vivir el fin de semana— ahora se ha convertido en una decisión con peso: ¿vamos o mejor no?
En las últimas semanas, la conversación ha girado alrededor de un mismo tema: el cierre de lugares clave para la juventud de Villahermosa. Híbrido, DBar, Sinatra. Bares y antros que marcaban la agenda social, que definían estilos, y que eran punto de encuentro para grupos de prepas, universidades y hasta foráneos. Hoy están cerrados, y no por falta de clientela ni por baja de popularidad. Cerraron por miedo. Cerraron por presión. Cerraron por extorsiones y amenazas que se sienten cada vez más cerca.
No es paranoia. Es una realidad que ya nos alcanzó.
Las redes sociales están llenas de mensajes, cadenas de WhatsApp, videos, rumores y noticias sobre supuestos eventos violentos en zonas de alto flujo juvenil. Desde Tamulté hasta el Centro, pasando por rutas conocidas como periférico o Paseo Tabasco. Algunos hechos son confirmados por medios locales; otros viven en el limbo de lo viral, pero el efecto es el mismo: se instala el miedo.
Ya no solo importa qué outfit llevas o si tu ride llega puntual. Ahora se suma una pregunta que cada vez más adolescentes se hacen antes de salir: ¿vale la pena arriesgarme?
La vida social se está reduciendo
Las fiestas también se han visto afectadas. Reuniones que antes se hacían con naturalidad ahora se piensan dos veces. Padres que antes dejaban salir a sus hijos sin problema, ahora prefieren evitar cualquier zona que suene a riesgo. Y lo peor es que muchos adolescentes ya ni siquiera discuten: lo entienden, porque también lo sienten. La sensación de inseguridad ha comenzado a invadir espacios que antes eran símbolo de libertad y juventud.
Ya no se trata de sonar alarmistas. Se trata de observar con claridad lo que está pasando. La cultura teen en Tabasco está cambiando su manera de convivir. Y en vez de adaptarse con creatividad, está retrocediendo por prevención. Círculos sociales más cerrados. Eventos secretos. Encuentros “bajo radar”. Y, por supuesto, el auge de la vida online, donde lo que no puedes vivir afuera, lo publicas desde casa.
¿Será Hookare el siguiente?
La pregunta no es un ataque, es un reflejo del miedo colectivo. Hookare se ha mantenido como uno de los pocos espacios activos donde aún se puede vivir una noche fresca, con música, estilo y ambiente. Pero la tensión se nota. Las miradas están puestas. Y si la misma presión que cayó sobre Híbrido, Sinatra o DBar llega hasta ahí, el golpe será duro. No solo para los dueños, sino para toda una generación que se está quedando sin espacios para ser joven.
No queremos que pase. Nadie lo quiere. Pero también hay que decirlo: el silencio nos hace cómplices. Si no hablamos de esto entre nosotros, si no lo compartimos, si no lo ponemos sobre la mesa, lo normalizamos. Y normalizar el miedo es rendirse sin decirlo en voz alta.
¿Qué podemos hacer?
Esta no es una invitación a cancelar todo. Es una llamada a despertar. A organizarse mejor, a estar más informados, a exigir seguridad sin miedo. A pensar en nuevas formas de convivir sin tener que mirar por encima del hombro. Y, sobre todo, a entender que la cultura juvenil merece respeto, protección y libertad, no persecución ni silencios incómodos.
Porque ser joven en Tabasco no debería ser un riesgo. Debería ser una etapa de descubrimiento, comunidad y expresión. Y eso no se logra si los espacios que nos pertenecen, uno a uno, van cayendo en la sombra.
¿Y si Hookare es el siguiente? Esperamos que no. Pero mientras tanto, mantente al tanto. Cuida tus pasos. Cuida a los tuyos. Y no te calles.



1 Comentarios
Se pasan de lanza 😔
ResponderEliminar