El silencio se está volviendo escándalo. En redes sociales comenzaron a circular videos captados dentro y fuera del Colegio Cumbres Villahermosa donde se muestran situaciones explícitas de acoso escolar entre estudiantes.
Humillaciones, burlas, empujones, gritos… y lo peor: risas de fondo.
Nadie detiene nada. Nadie dice nada. Todos graban.
La comunidad educativa —construida sobre reputación y prestigio— hoy se enfrenta a una pregunta incómoda:
¿De qué sirve una educación de “élite” si no puede garantizar respeto ni seguridad emocional?
Una cultura que calla… pero graba
No es la primera vez que en escuelas privadas surgen casos de bullying. Lo que duele esta vez es la normalización y la pasividad con que ocurre.
Los videos muestran que todos ven, todos saben… pero nadie interviene. Es una cultura de “mejor no te metas” disfrazada de buena educación.
Y mientras tanto:
Un alumno es señalado.
Una chica es burlada.
Un video se vuelve viral.
Y las autoridades guardan silencio.
Padres molestos. Estudiantes confundidos. Autoridades ausentes.
Varios padres han comenzado a expresar su preocupación en grupos de WhatsApp. Algunos denuncian falta de acción real ante situaciones repetitivas. Otros prefieren no hablar por miedo a represalias.
Pero ya no se trata de “si es cierto o no”.
Ya está pasando. Y lo estamos viendo todos.
¿Qué tiene más valor: un uniforme caro o una comunidad segura?
El bullying no es exclusivo de colegios públicos. De hecho, los entornos donde más se ignora son los que cuidan más la apariencia que la verdad.
Y lo más grave es cuando los colegios eligen cuidar su imagen antes que cuidar a sus estudiantes.
Una verdad que incomoda, pero que debe contarse
Esto no es solo una pelea o una broma pesada. Esto es violencia.
Y es una llamada de atención para todos:
Escuelas, padres, alumnos… Ya no basta con callar.



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